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HISTORIA DE LA FORJA

Desde los albores del desarrollo de nuestra civilización el hombre ha utilizado los materiales que encontraba en su entorno para modificar y mejorar su vida. Desde hace dos siglos se estableció una clasificación de las edades que hoy se acepta con solo alguna matización: Edad de piedra, edad del cobre, edad del bronce y edad del hierro que terminó 2000 d. de C.

Primero utilizó lo más simple, que no necesitaba modificar. Pieles, piedras, palos, huesos…Posteriormente utilizó los metales de los que la tierra le proveía. Primero se sirvió del cobre, fácil de modelar incluso golpeándolo en frío o sirviéndose de ligeros calentamientos a 200º C. Consiguió ornamentos y pequeños útiles. Utilizó también antimonio, plomo, oro y plata.

Descubrió después que uniendo un 10% de estaño al cobre se producía un material más duro y que tenia un grado de fusión muy bajo que podía conseguirse con carbón vegetal y un fuelle que conseguía temperaturas de 1100º C. Empezó así a conocer la metalurgia lo que junto con moldes de arena y arcilla le permitía conseguir útiles y objetos por vertido. Este nuevo material era el bronce.

La relativa escasez de estaño e incluso cobre y la facilidad de proveerse de mineral de hierro, que constituye un 5% de nuestro planeta, le llevó a entrar en la edad del hierro obtenido bien de meteoritos o de diferentes minerales: Hematite, magnetita, limonita, siderita, pirita, ilmenita…

Así comenzó la forja antigua porque solo calentando el material y golpeándolo se forma un magma que va agregándose. Con los sucesivos golpes se separa el hierro dulce que se puede modelar y las escorias de impurezas y cenizas. Fue continuando su progresión de conocimientos en el trabajo del hierro y vio que calentando el herraje en carbón vegetal se producía una progresiva carbonización del material que con el enfriado rápido en agua o en aceite, conseguía unas propiedades de endurecimiento que le hacía útil para utensilios y armas. Era el acero. Se llama acero si tiene una proporción de carbono mayor al 1,7%.

Por fin a mediados del siglo XIX el británico Henry Bessemer desarrolló un horno o convertidor que podría conseguir fácilmente la fusión del hierro (1.536º C). Comenzó así la producción de fundiciones complejas y entro en la Revolución Industrial con los laminados en los altos hornos a los que debemos los progresos más actuales de nuestra civilización.

Los primeros objetos de hierro de los que se tienen referencia datan de más de 3.000 años a. de C., corresponde a civilizaciones egipcias, sumerias, griegas, romanas… cuando todavía no se había desbancado la predominancia de la dominación del bronce.

En la antigua Anatolia, la actual Turquía, surgió el imperio de los Hititas que debió su poder al conocimiento de la manipulación del hierro y su consiguiente forjado, fundamentalmente para la confección de sus armas. Aunque muy celosos de sus conocimientos de los procesos de forja, los Hititas cayeron en el 1.200 a. de C. y la propagación de la cultura del hierro se propagó por los Filisteos en Asia y los Dorios en Grecia. Fenicios, griegos y posteriormente los romanos contribuyeron a la difusión de esta cultura por toda Europa. Los minerales del hierro eran muy codiciados y los herreros gozaron de gran prestigio, atribuyéndoles incluso virtudes sobrehumanas. Tenía gran importancia en la tecnología de la época que estaba dirigida a la lucha y la dominación. Eran decisivas las armas, armaduras, cascos, hierros para animales, carruajes, construcción y rejas. La historia de la forja ha sido por tanto fundamental en el armamento y en los utensilios de trabajo.

En el 1.000 a. de C. encontramos arados, hoces, rejas y cuchillos en Palestina y en el 700 a. de C. también en Palestina aparecieron las primeras hachas y azuelas. Este año por tanto, puede considerarse el “año cero” de nuestra industria porque ya era posible entonces la tala de bosques para la obtención de grandes piezas de madera y la fabricación de herrajes de forja para las puertas tanto con fines ornamentales como defensivos.

Pensemos que desde entonces hasta nuestros días los diseños y variaciones en esta industria son mínimos, han persistido con toda su vigencia y belleza. Hoy como ayer la decoración en herrería y forja ocupa un destacado lugar cerca del hombre.

Debemos puntualizar también que antes de la Revolución Industrial el mejor material de hierro del que se disponía, por influencia de tradiciones árabes, era el damasquinado, que se obtenía mediante varillas de hierro carburado y hierro dulce martilladas juntas que daban como resultado un material flexible y resistente. Toledo, ciudad matriz de Portón Clásico y Forja Noble ha conservado esta antigua tradición de forja toledana en grado de excelencia. Pretendemos hacer una modesta contribución en esta historia.